
“Pero el jefe de los coperos, lejos de acordarse de José, se olvidó de él.”
— Génesis 40:23
Jose olvidado en la cárcel
Las promesas de los hombres no siempre se llevan a cabo.
La interpretación de los sueños del copero y el panadero de Faraón se cumplieron al pie de la letra, pero el copero , una vez restituido a su puesto, se olvido de Jose.
En la política, la religión, el deporte etc, los hombres solemos buscar nuestro bien y olvidar a quienes nos ayudaron.
Llenarse de amargura cuando tenemos un mal pago, no sirve de nada.
Servir y ayudar a otros, sin esperar nada a cambio, sabiendo que de Dios, vendrá la recompensa.
No poniendo la mirada en el hombre, sino en Dios que dirige los destinos y los pensamientos de humanos.
El olvido y la traición suelen ser el pago de un buen servicio.
Si alguien agradece ya es ganancia, espera poco para que no te decepciones.
Sigue sirviendo con amor, sin desmayar, como si lo hicieras para Dios.
Las heridas duelen menos, cuando las enfrentamos con buena actitud.
Ser libre de nuestra propia cárcel es mejor que la libertad física.
Mucha gente es prisionera de sus propias pasiones, emociones y deseos.
Remordimientos, culpa, odio y rencores son celdas que aprisionan a los que están libres.
Jose siguió en la cárcel, olvidado por quienes ayudó, pero sus fe, su esperanza y su autocontrol le permitieron vivir en paz, sin deseos de venganza ni amarguras.
El hombre que se conquista a sí mismo, es verdaderamente libre.
Lo demás es lo de menos