Fuego extraño

Levítico 10: el fuego extraño
(Contexto: en Levítico 9 el fuego de Dios cae del cielo y consume la ofrenda; al capítulo siguiente, Nadab y Abiú, hijos de Aarón, ofrecen «fuego extraño, que Él nunca les mandó» —Levítico 10:1— y el mismo fuego que consumió la ofrenda los consume a ellos.)

  • Encendido por el hombre, no por Dios: el fuego del altar debía venir de Dios (Levítico 9:24) y los sacerdotes solo debían mantenerlo ardiendo (Levítico 6:12-13); Nadab y Abiú encendieron el suyo propio —adoración de origen humano: entusiasmo, creatividad o tradición que nace de nosotros y no de lo que Dios ordenó.
  • Sin considerar la santidad de Dios: «En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado» (Levítico 10:3); acercarse a Dios sin reverencia convierte el privilegio en peligro —la cercanía no anula la santidad, la exige.
  • Sin sacrificio y sin sangre: llevaron incienso, pero no la sangre del sacrificio prescrito; «sin derramamiento de sangre no se hace remisión» (Hebreos 9:22) —adoración sin cruz: forma religiosa sin el costo que Dios estableció.
  • Aplicación: el fuego verdadero hoy sigue viniendo de Dios —el Espíritu descendió en Pentecostés (Hechos 2) como lenguas de fuego—, y la adoración aceptable es «en espíritu y en verdad» (Juan 4:24), fundada en la sangre de Cristo; todo fuego que encendemos nosotros —por novedad, por emoción o por costumbre— corre el riesgo de ser extraño.

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